Todos quieren vivir muchos años pero nadie quiere ser viejo
Es obvio que los pequeños dependen de
los mayores; pero, ¿de quién dependen las personas mayores? Diríamos que
en muchísimos casos los mayores no dependen de nadie: antes al
contrario, están ellos pendientes de la familia y, sobre todo, de los
pequeños, de los nietos, a los que cuidan y hasta ayudan a crecer.
Cuando uno se jubila y por tanto abandona la esclavitud derivada del
trabajo obligatorio cree que por fin es dueño de su tiempo, ya no está
bajo la férula de jefes ni sujeto a yugos laborales y, en consecuencia,
es libre, libre para no hacer nada, aspiración muy humana que en la
pluma de Oscar Wilde se convierte en la cosa más difícil del mundo, la
más difícil y la más intelectual.
Desde esta perspectiva la vejez puede
ser el tiempo de nuestra dicha, como diría Borges. ¿Vejez, viejos,
ancianos, abuelos? Vocablos todos ellos que por despectivos han sido
eliminados de la terminología políticamente correcta. Y en su lugar se
inventó el término tercera edad, no por todos aceptado con júbilo, como
es el caso de Francisco Umbral, quien lo considera un eufemismo
indignante .
Sin embargo es la de la tercera edad la
fórmula más generalizada y, en cierto modo, la única con etiqueta
constitucional, ya que nuestra Carta Magna establece que los poderes
públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente
actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la
tercera edad, añadiendo que con independencia de las obligaciones
familiares, promoverán su bienestar mediante un sistema de servicios
sociales que atenderán sus problemas específicos de salud, vivienda,
cultura y ocio.
A pesar de todo la tercera edad se nos
queda corta, pide ascender un escalón más, que no es otro que el de la
cuarta edad, dado que el aumento de la esperanza de vida en la población
española es imparable, hasta el punto de que según la ONU en 2050
España tendrá la población más vieja del mundo. Así, pues, en nuestra
sociedad comienza a ser realidad la existencia de un nuevo segmento
generacional: el de la cuarta edad, en el que podemos integrar a los
mayores de 90 años. Porque es un hecho incuestionable que la gente vive
hoy bastantes años más que antaño, la longevidad es ya una circunstancia
normal, entre otras razones (logros de las tecnologías médicas, avances
de las ciencias de la salud…) porque gozamos de más atenciones y
mejores condiciones, tanto económicas como asistenciales.
Aunque parezca una perogrullada,
conviene recordar lo que ya se ha dicho: que para alcanzar una larga
vida no existe más que un único camino conocido: envejecer. Y es que
como afirma José María Carrascal con apabullante lógica una vida sin
vejez no es una vida completa. Lejos de caer en el desánimo, las
personas mayores deben tener siempre presente la máxima de Cicerón:
nadie es tan viejo como para no poder pensar que puede vivir un año
más.
[Fuente: lasprovincias.es]

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