Inteligencia emocional para el adulto mayor
Cuando vemos a los adultos mayores de hoy nos damos cuenta lo lejos que están de aquellas concepciones estereotipadas sobre la inactividad y la tristeza. Es muy común ver a personas mayores saludables y activas, llevando a cabo algunos de los pasatiempos que no habían tenido tiempo para realizar o disfrutando de sus pasiones de antaño, abundan las personas mayores con estados de ánimo llenos de jovialidad y alegría que recuerdan el pasado no con nostalgia sino con placer.
Para hablar de estas
personas que con los años siguen fomentando la actividad, la vida en
plenitud y el desarrollo de su propio proyecto de vida, decimos que han
cultivado un envejecimiento exitoso,
que va más allá de solamente pensar en una vejez saludable pues
involucra aspectos psicológicos, sociales y espirituales de la persona.
La pregunta que surge entonces es: ¿por qué algunas personas pueden
envejecer exitosamente y otras desarrollan hábitos poco saludables?
Sabemos que no existen recetas para la vida, pero sin duda parte de la
respuesta a esta cuestión radica en la inteligencia emocional.
La inteligencia emocional involucra nuestra capacidad de reconocer y darle sentido a toda la maraña de sensaciones y emociones que nos invaden con el día a día.
Aunque pareciera algo bastante sencillo, el poder darnos cuenta de las
cosas que sentimos arrojará gran luz sobre cómo pensamos y actuamos, nos
permitirá manejar de una forma más efectiva nuestra emocionalidad y
explotar al máximo nuestra alegría, satisfacción y júbilo, mientras que
nos dará herramientas para aceptar la tristeza, la ira y el dolor
inherentes a estar vivo.
El conocer y manejar de forma adecuada nuestras emociones nos
permite tener relaciones más satisfactorias con nuestros seres
queridos, además de iniciar nuevas amistades. Nadie quiere ser el abuelo
regañón que critica fuertemente las acciones de los nietos y que a la
vez se queja de lo poco que lo visitan. Manejar con inteligencia las
emociones nos permite vincularnos con los demás y evitar arranques de
ira o estrés, como bien decía el filósofo griego Aristóteles
refiriéndose a la serenidad necesaria para manejar las emociones y en
este caso al enojo: "Enojarse es fácil, pero enojarse en la magnitud
adecuada, con la persona adecuada, en el momento adecuado eso es cosa de
sabios".
La inteligencia emocional no
es exclusiva de una edad, todos podemos desarrollarla en cierta medida,
sin duda explorar nuestra emocionalidad nos lleva a recorrer caminos
inhóspitos encontrando momentos que nos harán reír, llorar, recordar o
disfrutar, pero el beneficio es grande: traerá efectos positivos en
nuestra autoestima y conseguiremos extender una red de apoyo integrada
por personas que estén gustosas de poder apoyarnos cuando lo
necesitemos. Vivir desarrollando la inteligencia emocional es vivir en
plenitud y nos ayuda a recordar que ¡Ser mayor es vivir a lo grande!
Aquí hay cinco consejos para el adulto mayor que quiera desarrollar su inteligencia emocional:
- Plasmar los sentimientos en palabras. Si queremos experimentar nuestras emociones de una forma más sana debemos ser capaces de expresarlas por medio del lenguaje. Expresemos las cosas que nos hacen disfrutar y también nuestros miedos; de este modo se puede gozar de una mayor serenidad.
- Ser flexibles. Las personas que son más flexibles consigo mismas y con los demás podrán disfrutar con mayor libertad de sus emociones, no se critican a sí mismas por ser firmes ni juzgan a los demás por actuar de forma distinta. Todos somos humanos y experimentaremos dichas, vergüenzas o decepciones de igual manera.
- Autocuestionarse. Las creencias muy rígidas pueden causarnos malestares emocionales, aquel que logra cuestionar sus pensamientos más arraigados puede desarrollar ampliamente su autoconocimiento. El adulto mayor puede preguntarse por ejemplo, ¿cómo deseo continuar mi vida? ¿cómo me gustaría ser recordado? ¿qué mensaje me gustaría darle a mis hijos y nietos?
- Adaptarse a los cambios. El envejecimiento involucra cambios, como todo proceso en la vida. Algunos de ellos podrán ser corregidos con aparatos de audición, lentes o un bastón, si aceptamos nuestro cuerpo como es no lucharemos con pensamientos tipo: “me veo viejo usando esos lentes” o “los bastones son para viejitos”.
- Desarrollar un proyecto de vida. Si deseamos tener inteligencia emocional, necesariamente debemos encontrar cosas que nos apasionen, para ello podemos desarrollar proyectos que sigan dando felicidad y sentido a cada uno de nuestros días. Las grandes personas requieren grandes proyectos de vida.


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